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Cómo afecta el estrés térmico en el hogar

Estar a gusto en casa. Esta es una de las máximas de toda persona en su día a día. Después de trabajos, actividades extra, compras y cualquier otra tarea, nada como llegar al hogar y sentirse cómodos, protegidos y confortables.
Qué es el estrés térmico en casa

El domicilio habitual es un espacio sagrado para cualquier individuo, bien viva en soledad o con familia: por eso nos esforzamos en decorar todas las habitaciones a nuestro gusto, contar con sillones, camas y sofás cómodos, etc.

Y, por eso mismo también, buscamos fórmulas para que la casa se encuentre, tanto en invierno como en verano, a una temperatura de confort que agrade a todos.

Pocas cosas hay más desagradables que no encontrarse cómodos en casa debido al frío excesivo o al calor aplastante. Tanto es así que estas situaciones tienen un nombre: estrés térmico. También tiene distintas soluciones y no son excesivamente complejas.

Qué es el estrés térmico

De manera muy sencilla, el estrés térmico está relacionado con las malas sensaciones que genera estar expuestos a una temperatura especialmente alta o baja de manera continua y sin que esto tenga solución aparente.

La falta de temperatura o el exceso de ella se “mete en el cuerpo” y comienza a causar consecuencias físicas como dolores de cabeza, dolor de articulaciones, tiritonas, etc. Una exposición prolongada a estos escenarios se traduce en un cansancio mental y un estrés que afectan a nivel emocional reduciendo la felicidad, la sensación de bienestar y el confort.

Cómo afecta el estrés térmico a las personas

El estrés térmico tiene síntomas muy claros que es posible percibir de inmediato. Dolor de cabeza, debilidad (muy propia ante las altas temperaturas del verano), calambres en los músculos, exceso de sudor, fatiga…

Sin duda, son sensaciones muy parecidas a las de enfermedades como la gripe, por lo que no es descabellado pensar que es importante huir del llamado estrés térmico.

Se puede sufrir estrés térmico por calor, pero también estrés térmico por frío: las consecuencias serán distintas, pero están englobadas dentro de un concepto que no necesita ser muy técnico: es encontrarse mal de manera general.

Y si esto es complicado en la calle, cuando se trabaja al raso en invierno o bajo un sol de justicia en verano, las consecuencias se agravan en casa, puesto que la mente de las personas que lo sufren asocian el hogar, como hemos dicho al inicio, con encontrarse en su espacio de seguridad y máximo confort.

Claves básicas para reducir el estrés térmico

Afortunadamente, existen una serie de opciones que se pueden llevar a cabo en casa para reducir el estrés de temperatura corporal. Las posibilidades van desde el estudio del aislamiento térmico de paredes exteriores hasta el uso de trucos para elevar el confort del hogar.

Aislamiento SATE

Conocido como aislamiento SATE, el aislamiento térmico exterior consiste en llevar a cabo una instalación de paneles y capas protectoras en las paredes exteriores del hogar. De esta manera, se pone “un abrigo” al inmueble y se impide tanto que pase el frío como el calor. Además, el aislamiento trabaja para que la energía de climatización utilizada dentro del hogar no se escape por las paredes.

En otras palabras: hace que al poner una calefacción en invierno o un aire acondicionado en verano, estos sean mucho más efectivos porque la energía generada se queda en las habitaciones.

En SATEMediterráneo contamos con un equipo profesional y con varios años de experiencia en la elaboración de proyectos de aislamiento SATE.

Al trabajar en toda la zona del Levante español, desde Alicante hasta Barcelona, conocemos las distintas condiciones climatológicas de los distintos territorios de actuación donde trabajamos a diario y, por tanto, ofrecemos soluciones óptimas e imaginativas a todos nuestros clientes.

Temperatura de confort

Se ha repetido una y mil veces, pero una ocasión más viene bien: un uso ajustado y correcto de los sistemas de climatización ayuda a reducir el estrés térmico. ¿Qué quiere decir esto? Que no conviene poner la calefacción tan alta como para pasar calor ni el aire tan frío como para tener que taparse en el sofá.

Mantener las temperaturas ideales, además de mejorar el estrés térmico, reduce el gasto eléctrico y la huella ecológica. En ese sentido, la temperatura en verano debe oscilar entre los 24 y los 26 °C en el dispositivo y, durante el invierno, los radiadores no deben estar por encima de los 21 °C.

Una casa “cálida”

Lograr un espacio confortable en casa es mucho más sencillo si se utilizan alfombras, cortinas gruesas, cojines de texturas cálidas, etc. En verano, justo lo contrario: sábanas frescas para cubrir el sofá, eliminamos alfombras, etc.

Puede parecer un consejo tonto o poco útil, pero lo cierto es que, si se piensa, es algo que se lleva haciendo de forma intuitiva desde hace años y años. Y verdaderamente tiene efectos positivos que se pueden comprobar en primera persona.

De este modo, se ayuda a que la casa alcance la temperatura ideal de una manera mucho más sencilla y, por tanto, se elimina la posibilidad de sufrir estrés térmico.

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